A veces el viajar, mas que un gusto, se convierte en una necesidad. En mi caso, lo hago por ambas razones. Me gusta el viaje, la carretera, el paisaje, los cambios en la vegetación, los ríos, los puentes. Aunque últimamente ya no lo disfruto tanto, pues generalmente voy cansado, después de una larga jornada. Me mueve el deseo de encontrarme con mi pequeña, que yo se que me espera y que se pondrá contenta al verme. Ella hace que todo el proceso valga la pena. Y es que desde que este año mi coche se descompuso, debo viajar en autobús, que por un lado me permite disfrutar mejor el paisaje, pero por otro, me permite dormir y descansar un poco durante el viaje, cosa que no puedo hacer cuando voy manejando. De noche es aún peor, pues mi cerebro se resiste a mantenerse despierto, así que por lo general tardo más en esperar mi autobús que una vez arriba, dormirme.

No se si sea mejor así, el viaje toma un poco más en autobús. Pero por lo pronto, seguiremos así hasta adquirir un nuevo medio de transporte (coche).

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